
La vida de Santa Rita de Cascia, fielmente recreada en la reciente película “Cascia”, es ejemplo y vida para todos los que creemos en Cristo, pero sobretodo, nos deja un par de enseñazas muy grandes que es importante meditar.
El aspecto más importante es el hecho de que una persona no puede ser santa si en su vida no santifica a los demás; el otro, es que nunca debemos desanimarnos ante lo que parece imposible a nuestros ojos, porque si luchamos, todo es posible para Dios.
Deteniéndonos en la primera enseñanza, se puede decir que nada más cierto, pues una persona adquiere la santidad conforme se parece más a Cristo, y parecerse a Cristo quiere decir dar la vida por los demás.
Dar la vida por los demás no sólo quiere decir entregarnos físicamente a la muerte para salvar a otros, sino dedicar nuestra vida en pos de su bienestar, siempre buscando hacer discípulos para el Señor, cumpliendo así con nuestra misión apostólica encomendada desde el día de nuestro bautismo.
Para dar la vida es necesario amar al prójimo, y amar de verdad consiste en darlo todo, sin esperar recibir nada, y amando aún más cuando los demás menos lo merecerían, porque cuando decimos que amamos pero ponemos condiciones, no estamos realmente amando, sino queriendo para que nos quieran.
Santa Rita amó de verdad, amó a todos los que le rodearon y, justamente en ese amor, se santificó e hizo santos a los demás: A su esposo lo cambio de vida, a sus hijos, los salvo al final de sus vidas, al igual que a su cuñado, y todo gracias a no rendirse, en una palabra, amando, pero no un amor cualquiera, sino un amor heroico.
Con excepción de los ermitaños, la santidad no se logra de forma aislada, sino que se gana en nuestro mundo cotidiano, en ese mundo en el que estamos en contacto con los demás en cada instante. El que sólo piensa en si mismo, no se salva; en cambio, quien logra ser santo es porque fue santo en las relaciones con el otro.
El segundo aspecto, no rendirse jamás, es una enseñanza esencial de la doctrina cristiana contenida en el Evangelio. Jesucristo mismo nos pide que tengamos confianza en Él, pese a que parezca que no nos escucha.
Santa Rita es un ejemplo claro de poder ver a Dios en los momentos más duros de la vida, esos momentos que, haciéndonos sufrir, nos purifican de las huellas del pecado y nos unen a la pasión del Señor en la Cruz.
En el no rendirse, y apegarse al Señor, está la clave para que lo imposible se pueda lograr, aún aquellas cosas que ni remotamente hubiéramos pensado; la clave: la oración, junto con la fortaleza de espíritu.
Sin duda alguna esta película remueve los sentimientos más profundos de los creyentes, dándonos un nuevo ejemplo de vida cristiana que nos anima a vivir cada día como verdaderos discípulos del Señor.